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Cuando los gladiadores entraban al coso, se dirigían al emperador, y le decían "Ave, los que van a morir te saludan". El sangriento espectáculo enfervorizaba al pueblo. En aquellos tiempos, los gladiadores peleaban entre ellos en una lucha que terminaba cuando terminara la vida de alguno de ellos, es decir, una lucha a muerte. Los gladiadores no tenían ninguna piedad de sus oponentes. Algunas veces, cuando había un combate espectacular, era el público el que podía apiadarse de alguno de los luchadores, para así poder verle luchar algún otro día. El pueblo tenía el poder de dejar vivir a los luchadores hasta otro día, otra pelea.
Los luchadores fueron introducidos en Roma en el año 264 antes de Cristo, cuando los hijos de Junius Brutus, en honor a su padre, pusieron a pelear a unos gladiadores hasta la muerte durante el funeral de su creador, el ritual los cautivó y se convirtió en una seña de identidad año tras año.
El pueblo romano era un amante de los espectáculos sangrientos, los más populares batallas eran entre los grandes luchadores romanos. Los luchadores no tenían salida, o peleaban hasta la muerte, o su familia moriría. |